El horror de acostumbrarse al horror

Durante el fin de semana 180 personas han sido asesinadas por el Daesh en un local concurrido por la culminación del Ramadán en Irak. Se trata del mayor atentado sufrido en el país en este año. ¿Por qué todo el mundo da la notica pero no se le da la importancia que tiene? ¿Qué nos está pasando? ¿Nos hemos acostumbrado a las tragedias? Parece cruel pensar que uno se habitúa a ver morir a cientos de personas cada día y que no nos afecta.

Refugiados que mueren intentando cruzar el mar, atentados un día si y otro también en países musulmanes… hemos pasado de la conmoción de todo el mundo por aquella foto del pequeño Aylan muerto en aguas del Mediterráneo, a la indolencia de la impactante foto de un bebé muerto en brazos de un voluntario hace tan solo unas semanas.

Está claro que hemos perdido la capacidad de dimensionar las tragedias. Ya no nos afecta, o al menos no de la misma forma. En Europa siempre ha existido la diferenciación social entre las víctimas de primera y las víctimas de segunda. Es decir, aquellas que están más cerca nos impactan más. Cualquier ciudadano europeo puede imaginarse a un amigo cogiendo un avión en el aeropuerto de Bruselas o saliendo una noche de fiesta por París. Y es que una gran parte de occidente, hace tan solo unos años, no sabía ni si quiera situar Siria en el mapa. Empatizamos más con las culturas que mejor conocemos y eso provoca que aquellas que percibimos más lejanas no nos aflijan.

La rutina afecta a la sensibilización

Noticias continuas que suenan muy parecidas y que como consecuencia dejan de tener el impacto que deberían. Se deshumaniza la tragedia sobre todo con personas a la que no vemos iguales cuando entran en juego sentimientos de racismo y xenofobia.

Un número de muertos es abstracto y logra que el nivel emocional descienda. Deberíamos conocer el drama de cada persona, de cada país… Puede que sea la estructura del informativo o el tratamiento de las redes sociales. No lo sé. Lo que está claro es que debería dar igual si son franceses, libaneses o iraquíes o de cualquier otro país… que no se nos olvide que son personas, no cifras.