Buscando culpables. El blog de Jesús Vaca

Habían pasado dos días de las elecciones, ya en frío y superando la pesadumbre, me fui en busca del “tío Braulio” para salir a nuestro ya habitual paseo.
Me esperaba a la sombra del nuevo árbol de la plaza que sustituyó al que tiró la tormenta.
– Buenos días, le saludé con la fórmula habitual.
– Y calurosos, me dijo, como se estaba haciendo costumbre por culpa de la canícula que, en estas tierras, forja la vida y el carácter.
Nos pusimos a caminar rumbo al sol por los chalets nuevos cercanos al cauce del arroyo, camino de la piscina vieja y “el palomar”, haciendo una diagonal con la carretera de Segovia y enfilando a la subida del bosque por el camino de carramonte.
– Parece que Rajoy salió ganando de todo este lío, comentó el “tio Braulio”.
– Eso parece, le contesté, es como si un virus “valenciano” se hubiera extendido por toda la peninsula, parece que el deseo de Pablo Manuel de un “gobierno a la valenciana” estuvo cerca de lograrse, lo que pasa que al estilo de Camps ,Fabra o Rita Barberá. Recuerdo cuando viví allí, nunca conseguí entender que cuanta más corrupción, cuanto más meter mano a las arcas públicas, más votos sacaban los corruptos.
– Pues parece que es contagioso y que se está volviendo una pandemia, o eso, o que el voto del miedo ha funcionado de nuevo, me contestó.
– Hombre, no creo que a estas alturas eso vaya a funcionar, la democracia está suficientemente asentada como para resucitar viejos temores, además pertenecemos a una supracomunidad , la europea, que hace impensable algo tan anacrónico como un golpe de estado.
– No me refiero a ruidos de sables, me refiero a viejos cantos de sirena, a mentiras dañinas para la convivencia que han devuelto el miedo al cuerpo y han conseguido que muchos hayan preferido aguantar la corrupción a cambio de la tranquilidad en la vida cotidiana.
– No le entiendo “tío Braulio”, ¿de qué cantos de sirena me habla?.
– Se repitió la historia, Julio Anguita salió de las catacumbas para recuperar su vieja obsesión de acabar con el PSOE, repitió la pinza que ya hizo con Aznar, esta vez con Rajoy y a través de su acólito Pablo Manuel intentó ningunear al PSOE para borrarlo de la faz de la tierra, lo malo es que su alumno, además de sobreactuar, tiene un serio problema de identificación ideológica o, al menos, de hacerla pública, además se le nota mucho esa soberbia con la que airea su ambición, caciqueando la voluntad de la buena gente que desató ilusiones y que está siendo taponada por el laboratorio político de estos profesores digitales que confunden obras de los clásicos o los resituan ideológicamente según convenga.
La gente no olvida que, cuando se pudo acabar con Rajoy, este hombre salió con una inasumible oferta de gobierno en la que, curiosamente, se quedaba con los ministerios más políticos y se arrogaba una vicepresidencia que vaciaba de contenido a la propia presidencia, es decir, hizo una propuesta que sabía inaceptable para forzar unas segundas elecciones que le permitieran, o eso creía, ocupar el espacio político del centroizquierda y la izquierda como gran mesías de los pobres a los que, por casualidad, había olvidado cuando peleaba sillones de gobierno.
En todo caso, el resultado fué el mismo, la otra vez le dió el poder a Aznar y esta se lo ratifica a Rajoy. Pablo Manuel pierde un millón doscientos mil votos y seguramente le culpará al PSOE de su inutilidad.
En resumen, la izquierda enfrentada no genera más que la unidad de la derecha y el hastío de sus votantes.
Seguíamos camino al bosque por una nava antaño rodeada de majuelos y hoy flanqueada de perdidos y ruinas de minas de yeso, se paró el tio Braulio a la sombra de una oronda sabina y me espetó:
– Y tú, ¿que piensas?.
– Creo que el pueblo ha hablado, ha elegido lo que mejor le ha parecido y aunque no me guste, la democracia consiste en esto, en respetar la voluntad mayoritaria. He leído en las redes sociales mucho insulto al que elige una opción diferente a la del opinante, muchas descalificaciones hirientes hacia el pueblo al que se falta al respeto por no hacer lo que el insultador considera dogma de fé, eso me preocupa, y mucho, se está generando un nuevo estilo de hacer política que se basa en la descalificación y la falta de respeto al contrincante, en la declaración absoluta que no admite discrepancias, en la intolerancia.
Esto solo significa que la política ya no la hacen los mejores sino los más fanáticos, que el diálogo y la preparación para el debate desaparecen dejando paso a las guardias pretorianas que no piensan insultan, y esto es muy malo para la democracia, para la convivencia, ahora si yo digo que la estrategia de Podemos le ha dañado profundamente a la izquierda y significará, casi con seguridad la desaparición de IU o, al menos, de Garzón, nadie o casi nadie, argumentará de alguna forma otra opinión, casi con total seguridad contestarán que el PSOE ha sacado su mínimo histórico, o sea, el viejo -y tu más- que no sirve para aclarar posturas sino para provocar enfrentamientos.
Pienso que Alberto Garzón ( que me caía muy bien) y Pablo Manuel deberían dimitir por ese más de un millón de votos perdidos que demuestran que su estrategia era un bluf que le ha dado más fuerza a la derecha.
Pienso que Pedro Sánchez debería dimitir por su incapacidad y la de su equipo de generar un proyecto ilusionante de país que devuelva el estado del bienestar a los ciudadanos y erradique la pobreza.
Pienso que Susana no es su alternativa porque ha perdido Andalucía frente al PP.
Pienso que Albert Rivera debería dimitir para cerrar su experimento de lavar la cara a la derecha ya que sus votos han vuelto en gran parte al PP de donde salieron.
Y pienso que los que han perdido deben hacer una oposición que defienda los intereses de sus votantes, los que han ganado cumplir con sus promesas y todos juntos llegar a acuerdos para todo aquello que sea beneficioso para el conjunto de los ciudadanos, al fín y al cabo, para eso los pagamos, para que trabajen por el país no para que se luzcan más o menos en la televisión.
– Esperemos que no olviden que su empleador es el pueblo, mejor nos iría, remató el “tio Braulio”.
Y dicho esto tomamos el camino de vuelta, el sol empezaba a pegar con fuerza y no es cuestión de más acaloramientos.