Falacias, miedos y lo que está pasando

 

 

Ahora que empieza la campaña electoral, asistimos a un despliegue de técnicas para asociar a cada candidatura y candidato uno o varios atributos, tanto por parte de los otros candidatos como por parte de los medios de comunicación que en la mayor parte de los casos están llenos de falacias pero que el perjudicado busca como quitarse el sambenito de encima.

Sería muy largo y tedioso entrar al análisis semiológico de los lemas y mensajes, sólo me voy a referir a uno para que sirva de ejemplo: moderados frente a radicales, que se inscribe en el frontispicio de campaña del PP, que ocupa también un lugar destacado en el argumentario de Ciudadanos, que impregna parte del discurso del PSOE y que no deja de afectar a Podemos con la reivindicación de la “socialdemocracia de cuarta generación”. Y en esta campaña de la derecha cabe todo, cualquier hecho de un municipio gobernado por el cambio provoca una respuesta enérgica “contra los radicales” de algún miembro del Gobierno, en eso el experto en torcer la realidad, es Jorge Fernandez. Pero vayamos a los hechos, quien en este periodo, pongamos el último lustro como referencia, ha sido radical, aún más “inhumanamente radical” ha sido el PP y la derecha. Su radicalidad le ha conducido a desmontar parte del estado del bienestar tan costosamente construido (sanidad, educación, dependencia, seguridad social ) han metido mano en la hucha de las pensiones de manera “radical”. Esa misma radicalidad les ha llevado a revertir conquistas de derechos y libertades que formaban parte del acervo común. Esa radicalidad ha conducido a un mercado laboral precario con derrumbe de la negociación colectiva. Esta radicalidad les ha llevado a ser radicalmente corruptos ya que una vez ocupada las administraciones pasaron a ser cortijos. Esa radicalidad les ha llevado a establecer un sistema que ha dañado hasta la medula a la Administración pública española para realizar transmisión de bienes públicos a la esfera privada. Esa radicalidad les ha conducido a enquistar la cuestión territorial especialmente en Cataluña. Esa radicalidad les ha conducido a ser el ala derecha, de la derecha inhumana europea como ha puesto en evidencia la ofensiva contra Grecia y de forma lacerante la crisis de los refugiados y la inmigración.

Pero más allá de las falacias que son necesarias esclarecer, lo que hay que reflexionar aislándose un poco del ruido de la campaña: ¿ Que es lo que está en juego realmente ¿. Lo que está en juego es la posibilidad perdida el 20 D de sentar los cimientos de un nuevo país, de la misma forma que en el 78 se sentaron unas nuevas bases de convivencia y de justicia social. La tesitura no es si Unido Podemos pasa al PSOE como segunda fuerza, o si este resiste a la alianza Podemos + IU + Confluencias. La tesitura no es tampoco si se puede construir un nuevo centro para gobernar entre el PSOE y Ciudadanos, hipótesis no sólo imposible sino inviable como ha quedado demostrado. Lo que está en juego es si se construye una mayoría social y política para abordar un fuerte impulso de cambio real y no un mezquino cálculo de aritmética parlamentaria.

Lo que supone el PP no hace falta mucho explicarlo, ahora sacan de foco a los mas implicados en la corrupción (los que además no han dejado de estar protegidos por Rajoy) y esperan con los nuevos rostros de Casado, Levy, Maroto y Maillo sustituir las arrugas de Camps, la Barbera, Esperanza y Cospedal. Pero la esencia es la misma del anterior periodo: la religión del ajuste al mandado de Bruselas, el desmantelamiento de la poco protección del mercado laboral (Como ha reclamado Linde), el inmovilismo ante Cataluña y todo protegido mediante la Ley Mordaza y políticas restrictivas varias.

Ciudadanos se mueve en la más total de las desorientaciones, la jugada “maestra” del abrazo Rivera-Sanchez se ha mostrado inútil para el primero y un lastre para el segundo. Y ahora no sabe si competir por la derecha con el PP, o por el progresismo de centro con el PSOE y mientras se entretiene hablando de Venezuela a ver sin daña a Podemos sumándose al “que viene el lobo”

Unidos Podemos es sin duda la novedad de esta segunda vuelta electoral y parece que las encuestas avalan el acuerdo Garzon-Iglesias. Lo que es evidente que el pacto ha frenado el deterioro de la base electoral de Podemos y ha sacado del rincón a IU y hoy aparece como el vector mas dinámico de la situación frente a la resistencia y el inmovilismo de la derecha. No es como dicen algunos una polarización artificial impulsada por el PP y los medios de comunicación para asustar por un lado, fastidiar al Psoe por otro y señalar al PP como única salida de estabilidad. Es que realmente Unidos Podemos ha situado ante las dudas y vaivenes del PSOE las opciones en el terreno real “o continuidad o cambio”. Los matices sobre este último “sensato”, “posible” tranquilo” “moderado”, no aportan absolutamente nada, porque realmente todas absolutamente todas las fuerzas del cambio en litigio están situadas en la sensatez, la posibilidad, la tranquilidad y la moderación. El tema central es que el polo del cambio tenga la fuerza suficiente para arrastrar a una amplia mayoría social, como sucedió en 1982, entonces corporizada en el PSOE de Felipe y ahora de forma mas compleja en diversas formaciones que van desde el PSOE a las confluencias y “en comunes”.

En esta situación quien se encuentra ante dificultades importantes es el PSOE. Todavía sigue con el shock de la irrupción de Podemos y las confluencias desde 2014, y a cada avance de estas mayor dificultad de gestión política. Por muchas vueltas y artimañas dialécticas que se usen, hoy Pedro Sanchez podría ser presidente de Gobierno, si hubiese seguido el ejemplo portugués, que lo reivindico durante escasos 3 días y no se hubiese metido en el “cul de sac” del acuerdo con Ciudadanos, que más allá de la satisfacción de los Sevilla, Ares, Serrano como negociadores no aportaban más que un callejón sin salida. ¿Quién se iba a sumar a un plato cocinado y condimentado por Cs, al que no se le podían añadir nuevos ingredientes? Justificarse con las puestas en escena fuera de lugar, los ataques inadecuados y los improperios de Pablo Iglesias, sirven para consumo interno y para sectarizar a la base partidaria, pero nada más. Los acuerdos políticos no se basan en la bondad de las partes sino en los objetivos compartidos y por mucho que se emperren los detractores, en estos la distancia es menor. Podemos y su dirección han permitido que haya una fuerte confusión sobre el bloqueamiento anterior, no han sido capaces de entender que más allá de la investidura estaba la legislatura, que el ritmo y el tiempo jugaba a favor del cambio y la urgencia a favor del desánimo. Y el PSOE ha empezado la campaña a la defensiva, horrorizado por el “sorpasso”, intentando culpar a Podemos de la inexistencia de gobierno, pero eso es pasado. El problema es hoy. Si se apuesta por un cambio en serio que saque de en medio al PP y a todas sus políticas y corrupciones, no hay camino intermedio sólo el acuerdo del PSOE, Unidos Podemos y las Confluencias, no sólo no hay otra desde el punto de vista de la aritmética parlamentaria, sino sobre todo la ilusión que este acuerdo puede provocar en la sociedad. Abriendo un fenómeno parecido a la ola de cambio del 82 o a la de las ciudades en el 2015. Hace poco un militante socialista me decía: “Pedro tiene que girar y decirle al resto de la izquierda en la misma campaña: vamos a gobernar juntos, y os propongo que el que más diputados tenga encabece el gobierno y acordemos una plataforma de acción social inmediata”. Esta daría claridad al electorado del PSOE, sabría que su voto es útil para el cambio, que no va a acabar en la tolerancia por “responsabilidad de Estado” para que gobierne el PP y supondría que se está emitiendo el mensaje que se quiere que ese cambio lo lidere el PSOE. Tan sencillo.

Por su parte Unidos Podemos ha hecho una apuesta clara: unidad en todos los ámbitos, derrotar al PP, gobernar con el PSOE y liderar ese gobierno, para la gente el mensaje es claro, mientras que el del PSOE es críptico. Hay otras disquisiciones de dudoso resultado como las de la socialdemocracia, cuando el mismo electorado socialista (y aquí si utilizo la encuesta del CIS) se considera el 49,1 % simplemente socialistas mientras socialdemócratas sólo el 11,7%. Realmente el término socialdemócrata ha tenido mucha aquiescencia en las direcciones y bastante poca entre los cuadros, militantes y electores. Por eso me parece un debate un poco fútil.

En definitiva empezamos la campaña con un importante camino que andar, el de consolidar el gran cambio ya producido y dar un impulso al cambio que la gente y el país necesita.

 

 

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