La última selectividad de la historia

Nuevo capítulo en la enésima reforma educativa en España. La prueba de acceso a la Universidad, la temible selectividad o PAU, celebra su último examen. 400.000 jóvenes se enfrentan desde hoy uno de junio al 16 de este mes a estas pruebas para conseguir la nota necesaria para ser universitarios. El actual sistema ha estado vigente seis años. Entró en vigor a partir de una reforma del PSOE  y simplificaba la Selectividad en dos fases, una obligatoria para todos los alumnos y otra específica voluntaria, para subir nota.

Pero no se las prometan tan felices que el sistema cambia, pero no los exámenes. La Selectividad será sustituida por la reválida de bachillerato que consistirá en examinarse de más asignaturas en el último curso- segundo de bachillerato- y la creación de nuevas vías para subir nota. El resultado de estos exámenes finales es crucial, porque si se suspende la reválida no se accederá al título de Bachiller y, por lo tanto, queda cortado el acceso a los Estudios Superiores, ya sean universitarios o de FP superior.

Asimismo, el camino a los campus para los jóvenes se complica, porque las propias universidades podrá establecer sus propias pruebas de acceso, es decir, poner sus propias reglas de acceso; y establecer el pago de una nueva tasa.

Pero, siguiendo la tradición de nuestros políticos, el nuevo sistema que entra en vigor el próximo curso seguro que tiene los días contados. De entrada, 12 comunidades, la mayoría regidas por fuerzas políticas diferentes al PP, ya han manifestado su oposición a estas nuevas pruebas y piden al Gobierno la paralización. Así que dibuja en el horizonte tras el 26-J nuevos cambios en el sistema educativo.

También, la Confederación Estatal de Estudiantes se ha pronunciado en contra. En contra del sistema que entrará en vigor y también con la selectividad y la nueva propuesta de estudios. PAU cumplía su función de filtro de acceso a la Universidad pero no es efectivo ni justo ni garantista para el alumno. La Confederación apunta además que el estudiante se juega todo a una carta y que se basa en conocimientos memorísticos no en evaluaciones por competencias, que sería más justo e interesante.