¿Qué hace falta para que ilegalicen a este PP? El diario de campaña de Leire Díez

Es una pregunta que me repito cada día desde la intemerata cuando los informativos, las radios, las portadas abren con los cientos de casos de corrupción del PP.

Lo pienso cuando veo a doctos miembros del PP echar capas y capas de maquillaje a los crímenes del fascismo o insultar a los muertos que aún yacen en las cunetas al mismo tiempo que intentan resucitar un pasado terrorista ya que son inmunes a la ética cuando usan el dolor de las víctimas a su santo antojo.

Es difícil dejar de soslayar el saber que en Presidente de España no ha hecho ni un solo guiño –ni institucional ni político- a todas esas víctimas de la violencia de género que, desde 2003, han superado con creces el número de asesinados por la violencia terrorista en este país y, que por desgracia, no sólo no ha terminado sino que sigue dejando un duelo imposible de aliviar.

¿Cómo explicar a los jóvenes que padecen incredulidad y hastíos de la política que un partido que ha practicado el latrocinio con más asiduidad que el balompié en nuestro país, da lecciones de decencia y se sigue embebiendo de fondos públicos ¿ ¿Cómo logramos no insultar a la inteligencia de la ciudadanía pobre de un país rico cuando permitimos que el PP apruebe amnistías fiscales para los ladrones del pan y el futuro de sus hijos?

Ni el más fantástico de los guiones podría explicar el por qué Rita Barberá permanece en la Diputación Permanente del Congreso cuando sobre ella recaen tantas umbrías y tantas certezas. El hartazgo no hace callo y cada “caso aislado” –que se cuentan ya por cientos- de corrupción lacera a una sociedad que no merece ser representada por un partido político que tienen untado en podedumbre hasta los pilares físicos de su sede.

Hoy el PP será embargado si no paga 1,2 millones de euros por tener una “caja b”. Pero lo más grave es que probablemente el PP tenga ese dinero para hacer frente a la multa y nos haga sospechar de qué turbio asunto sale cada euro que se deposite en el juzgado.

No sé si Rajoy es decente o no pero en lo que cada día dudo más es si es idiota o si se lo hace de forma que esté representando el papel de su vida, porque lo que no parece razonable es que quien ha vivido rodeado de un hedor nauseabundo sin que se haya percatado, pueda dirigir los designios de un país.

Lo pienso cuando escucho una y mil veces sus mentiras. Las de ayer y las de mañana. Cuando compruebo que desde el altar de su moral –ese que se salta los mandamientos incómodos para su labor de rapiña- sube al púlpito a decir que no recortará los 8.000 millones de euros que pide Europa cuando aún llamea caliente el hierro incandescente de su firma en la carta enviada a la Comisión Europea prometiendo más austericidio y dolor, que se clava en nuestro miedo.

Lo suscribo cuando se mantiene impávido ante los ataques homófobos que suponen palizas a jóvenes que no hacen otra cosa que intentar ser libres, ejercer su derecho a besar, amar o abrazar.

 

¿Qué hace falta para que quien pudo y no quiso, nos libre de este PP?

 

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