La realidad detrás de los campos de refugiados

Arrancaba la semana con la reunión entre Grecia y la troika para retomar las conversaciones con respecto a la primera revisión del rescate de 86.000 millones de euros.

Dentro de Syriza y también de Griegos independientes, que conforman la mayoría gubernamental, cada vez existen más diputados en contra de nuevos recortes. Y bajo esta situación, se presenta un verano complicado en Grecia ante la posibilidad de unas elecciones anticipadas, en las que según las encuestas, Syriza ha sido desbancado en intención de voto por la conservadora Nueva Democracia.

Y aparte de la económica, Grecia sufre la crisis de refugiados, en la que 50.000 refugiados se encuentran atrapados en el país.

Entre los que estaba Osman, un niño de siete años con parálisis cerebral, que fue trasladado a España para ser tratado en Valencia. Una historia con un triste trasfondo, Osman no puede recibir asistencia en su país, por falta de hospitales, que fueron blanco de las bombas durante el conflicto. Las normas internacionales obligan a respetar y proteger los servicios sanitarios en las guerras de Siria, Yemen, Sudán del sur o Afganistán, pero no se está acatando.

Sólo en Siria, según Médicos Sin Fronteras, los hospitales que gestiona o con los que colabora han sido golpeados hasta en 94 ocasiones y 23 trabajadores sanitarios sirios murieron.

Y es que la crisis humanitaria esta construyendo una Europa muy distinta a la que se vaticinaba. La solución en la Eurozona es cortar por lo sano. El último en sumarse ha sido Dinamarca que ha anunciado la publicación de una lista de ‘predicadores del odio’. Una lista negra en la que estarían imanes y otros lideres religiosos para prohibirles la entrada al país.

Sin embargo, la mayor crisis de refugiados la lleva sufriendo desde más de 20 años África, que acoge en sus tierras el mayor campo de refugiados del mundo.

El centro de Dadaab, en el que viven 330.000 personas, principalmente somalíes. Ahora el Gobierno de Nairobi quiere cerrar el campo por motivos de seguridad. La ONU advierte a Kenia de que el cierre puede suponer un grave problema, dejando desprotegidas a estas personas. Las ONGs que allí trabajan aseguran que lo único que el país necesita es mayor apoyo internacional, que ahora mismo acapara Europa.