Gente normal y sin complejos, de profesión verdugo

“Me levanto por la mañana, rezo (…), preparo mi desayuno. Espero a que venga a por mí el coche y me voy a trabajar.Termino el trabajo, y me voy a casa….Puedo jugar con los niños. Nos divertimos. Comemos. A veces salimos. Otras veces, nos quedamos en casa. Todo es normal”.

Normal si no fuera porque trabaja como verdugo, perdón, funcionario religioso en Arabia Saudí.

Pero debe ser que el hábito hace al monje, y esa ‘normalidad’ llega a que sus hijos les ayuden en el mantenimiento de su ‘instrumental’ de trabajo. “A veces [sus hijos] me ayudan a limpiar la espada”, relata sin pestañear el verdugo principal del emirato. Armas que cuida y templa con mimo. Cada ejecución requiere un tipo de sable determinado, que no es lo mismo cortar por lo alto que cortar por el lado. Y que son guardadas como un auténtico tesoro. Alguno conserva como una reliquia el primer sable utilizado en una ejecución.

Como decía aquel, “hay gente p’a to” y el del verdugo es un trabajo que alguien tiene que hacer. Por cierto, que no es de los mejor pagados para los funcionarios públicos, pero si de los que gozan de una mejor reputación. Al menos para los buenos, que se pasean por los platós de televisión como estrellas mediáticas.

El caso es que trabajo no les falta, que además de ejecutar la pena capital se encargan de otros ‘trabajos menores’ como las amputaciones. Tanto que no sabemos qué fue de la oferta pública de empleo lanzada en mayo de 2015 para cubrir ocho vacantes en Arabia Saudí, aunque si no se ha repetido será porque se cubrieron sin mayores problemas.

Según la denuncia de Anmistía Internacional, Arabia Saudí sigue encabezando el ránking de 2015 de ejecuciones

‘Artesanos’ auténticamente vocacionales

Como cualquiera que trabaja cara al público, estos ‘artesanos’ de la pena capital resultan ser muy concienzudos y no hay nada que más les preocupe que provocar las carcajadas del respetable por fallar en el tajo. “Cada persona está un poco preocupada cuando empieza un nuevo trabajo, y tiene miedo de un error. En mi primera misión, estaba aterrorizado. No tenía miedo de que la ejecución fuera un fracaso, no: estaba preocupado porque si fallaba, la gente se reiría de mí”, recuerda Al-Bishi.

Un verdugo vocacional que heredó el trabajo de su difunto padre, al que solía acompañar. Ahora, años después, fríamente, relata que no le tembló el pulso al separar la cabeza del tronco de amigos suyos. “Quien comete un delito se lo merece”.

Es una profesión, que en la mayoría de los casos se transmite de padres a hijos.

“Si el corazón es compasivo, la mano falla. Tu mano te traiciona.”

Aparte de cortar cabezas, su trabajo se complementa con cortar las manos a ladrones, o “una mano y una pierna en lados alternos, así como está escrito en el Corán”. Pero se sienten menos presionados, porque la amputación se efectúa con anestesia local, a diferencia de la decapitación.

Ahora, que la cosa se complica cuando se trata de ejecutar a mujeres. Pero no por cuestiones de sentimientos, suno por una cuestión técnica. Ellas acuden al patíbulo como marca la tradición totalmente cubiertas y claro, no hay margen de error.

“Se deja una abertura estrecha en el cuello” y claro, no hay margen de error “si la espada cae un poco más bajo, golpea la bata. Si cae encima, golpea su cabeza cubierta”, lo que convierte la ejecución en una chapuza”. En cambio, el hombre acude a su última cita con el pecho desnudo y lo único que tiene controlar es que no se mueva “para que se pueda hacer el trabajo”.

Al fin y al cabo, de lo que se trata es de ejecutar la obra de Dios y hacerlo como dios manda. “Estoy muy orgulloso de hacer la obra de Dios”. Nada como cobijarse bajo el regazo divino

pena de muerte en Arabia Saudi y EI