Guerra de los Balcanes una historia de nacionalismos y rencores milenarios

Europa se conjuró para evitar repetir el Holocausto judío, pero apenas medio siglo después, las imágenes de un genocidio se vivieron en la última gran guerra en el Continente. La de los Balcanes. Una historia de nuevos nacionalismos y rencores milenarios entre serbios, croatas, albaneses, musulmanes de Bosnia y macedonios en la murieron más 250.000 personas y que provocaron millones de refugiados.

Una guerra que vuelve a ser actualidad por la sentencia al serbobosnio Karadzic, condenado a 40 años por el genocidio de Srebrenica y la absolución por el Tribunal Penal Internacional del ultranacionalista serbio Vojislav Seselj por falta de pruebas. Estaba acusado de crímenes de guerra y lesa humanidad por incitar a la matanza étnica.

Tras la muerte de Tito reaparecieron los nacionalismos en los Balcanes

A la muerte de Josip Broz Tito, en 1982, Yugoslavia se fue desintegrando al calor de los nacionalismos emergentes. Reaparecieron los viejos reinos de los Balcanes y con ellos la guerra, que afectó a diferentes países: Serbia, Croacia, Bosnia… una contienda donde se perpetraron violentas e indiscriminadas matanzas de las minorías asentadas en estos nuevos estados.

Una limpieza étnica en toda regla que depararon las batallas y destrucción de Dubrovnik, Vukovar, Srebrenica o Sarajevo. También reaparecieron los campos de concentración, las fosas comunes con miles de muertos y todo tipo de violaciones de derechos humanos. Matanzas que hicieron populares la figura de nuevos ‘carniceros’, como el presidente serbio Milosevic, el general Mladic, el comandante Zeljo Raznatovic, comandante de los conocidos Tigres (brigadas nacionalistas serbias) o Dobroslav Paraga, jefe de las milicias ultraderechistas Fuerzas de Defensa Croatas.

Un conflicto al que se puso fin con los acuerdos de Dayton firmados en París en 1995  con el reconocimiento de los nuevos estados, entre ellos Serbia y Croacia. Pero las consecuencias de los combates aún son latentes, como las millones de minas enterradas en el subsuelo y que  son un grave obstáculo para los miles de refugiados sirios que se aventuran por la ruta de los Balcanes.

Aún así, Europa no destierra de sus retinas imágenes de vallas, alambradas y refugiados.