Al día #En140segundos. Turquía, negociar con la UE aprovechando la crisis de refugiados

Aunque el mensaje oficial se dirige directamente a los traficantes de personas, el trasfondo del principio de acuerdo entre Turquía y la UE es un freno de facto del flujo de inmigrantes y evitar la crisis fronteriza que viven los 28. Una crisis que amenaza con hacer estallar el propio acuerdo de Schengen. Un acuerdo que sobrevuela sobre el propio concepto de asilados o refugiados, que pasa a un segundo plano.

A grandes líneas lo pactado viene a decir, que la marcha de los inmigrantes y refugiados se detenga en este país, desde donde se organizaría su paso ordenado y controlado por el Mediterráneo. En el debe, Turquía recibirá dinero y, sobre todo, ventajas para su futura integración en el club europeo.

En virtud de este acuerdo, que terminará de precisarse a mediados de mes, Grecia dejaría de sentir la presión en su territorio y podrá devolver a los inmigrantes, incluidos los sirios, a suelo turco. Eso sí, corriendo a cargo de todos los costes. Y el resto de los países aliviarían la tensión en sus fronteras y el espectáculo nada edificante de las filas de miles de personas atravesando a pie países, varados en las fronteras sin las mínimas ayudas y la grave crisis provocada en los 28, no solo por la recepción de los inmigrantes, si no por echar el candado en las fronteras, rompiendo uno de los principios en los que se asienta la construcción europea: la movilidad de las personas. Y aún peor, haber despertado el renacer de la ultraderecha xenófoba en buena parte del centro y este europeos y poniendo en cuestión algo tan significativo en materia de derechos humanos como el derecho al asilo.

Control de los refugiados por dinero y concesiones a su integración en la UE

Por su parte, Turquía, además de recibir el doble del dinero prometido, que en total serían 6.000 millones de euros para abordar los costes de la operación, reclama una especie de uno por uno. A saber, que por cada refugiado que acoja, la UE acepte un refugiado sirio. Pero sobre todo, lo que le interesa es romper el cuello de botella en sus aspiraciones de ser el socio número 29 de la Unión. Es decir, que los europeos miremos hacia otro lado en lo tocante a los derechos humanos en Turquía, abramos la mano en lo relativo a los visados -que se supriman- y se reanuden las conversaciones formales para su incorporación como socio de pleno derecho.

refugiados

Casi cuatro millones de desplazados, uno en Europa y tres repartidos en Turquía en unas condiciones de difícil calificación, no solo han amenazado los frágiles cimientos de la Unión Europea, se han convertido en la palanca que puede hacer que un país musulmán se integre como socio de pleno derecho en Europa.

Las ONGS internacionales ya manifiestan sus dudas sobre el principio de acuerdo. Denuncian que la UE esconde el problema de los refugiados sirios bajo la alfombra de Turquía, y que si algo caracteriza a este país es su falta de control y de garantías para unas personas que salen huyendo de la guerra.