La crisis de refugiados, motor de la economía en Alemania

Quién se podía imaginar que la crisis de refugiados se iba a convertir en el salvavidas de la economía alemana. Y no se trata, como decían los mal pensados, de una cuestión de aprovechar la mano de obra ‘barata’ que se agolpa en las fronteras, sino del aumento del gasto público.

Y mucho menos, seguro, se lo han planteado los cientos de vecinos de Bautzen, Sajonia, que festejaban las dificultades de los bomberos para apagar el incendio provocado en un albergue de refugiados, o los más de 13.000 manifestantes que secundaron la última manifestación de Pegida, la ultraderecha alemana.

El caso es que gasto publico y refugiados, paradójicamente se han convertido en el motor de la ‘liberal’ economía alemana en el último trismestre. El crecimiento del PIB  en Alemania reposa en el tirón del 2,9% del gasto que están realizando las administraciones públicas para acomodar a los refugiados.

El sector privado no tira del consumo, apenas creció un 0,2%. Las importaciones han descendido en un 1,7% respecto al trimestre anterior. Ambos, consumo privado y exportaciones han dejado de ser el motor de la economía y no activan la producción interna, solo animadas por el desembolso de euros procedentes de las arcas públicas.

A pesar de soportar el crecimiento económico en Alemania, la xenofobia crece en el país

A pesar de estas ventajas reales en términos económicos, desde que estallara la crisis de los refugiados, un millón de ellos en suelo alemán, ha crecido el sentimiento de xenofobia en el país, tanto que las encuestas aúpan a la tercera posición a los ultraderechistas con el 12% de las expectativas de voto. Sólo en 2015 más de 500 albergues fueron atacados  y 126 edificios fueron parcialmente destruidos.

Un sentimiento alentado en parte por las previsiones de los organismos oficiales del país, que hablan de un repunte del paro el año próximo por el ‘excedente’ de mano obra procedente del exterior.

Pero ya se sabe que los economistas no aciertan mucho en sus previsiones. Y como muestra otra prueba, la confianza de los empresarios en la salud de la economía alemana ha caido a mínimos históricos de 2014.