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Los líderes europeos afrontan un periodo clave en cuanto a la toma de decisiones para aliviar de la mejor manera posible la crisis de los refugiados sirios. La primera de esas decisiones ya ha sido tomada, por lo tanto, Europa ahora aborda cuestiones más genéricas y de aplicación a largo plazo. Esa decisión tomada ha sido la del cupo de reparto entre los países europeos.

Los Estados de la Unión se repartirán en un plazo de dos años 120.000 refugiados procedentes de los países con más llegadas, principalmente Italia y Grecia. Se hará en dos tandas, una primera de 66.000 personas y una más adelante de 54.000. Si algún país se viera desbordado podría solicitar el traslado de sus refugiados a otros países a cuenta de ese cupo. Se ha decidido en una votación en la que se pretendía tomar una decisión por unanimidad, pero no ha sido posible. Cuatro países han votado en contra, aunque tendrán que acatar la decisión. Estos países han sido Hungría, República Checa, Eslovaquia y Rumanía.  El nuevo acuerdo elimina el concepto de cuota, hace un esbozo de reparto y determina que los países receptores establezcan una cifra de manera voluntaria, aunque esto no es exactamente así. Los números ofrecidos coinciden con los que Juncker presentó. Al votar Hungría en contra de que los refugiados que llegan a su país sean enviados a otros países, sale del esquema de los beneficiarios y se coloca junto con el resto de países receptores, lo cual hace que las cifras inicialmente dadas por el presidente de la comisión europea, bajen un poco. En España, pasaríamos de los 14.931 refugiados asilados en nuestro país a 14.588.

Eslovaquia ha anunciado que llevará el dictamen a los tribunales. Mientras se decide un marco de política migratoria, se aprueban partidas presupuestarias para ayudar a los países fronterizos con siria o el control de las fronteras, lo que queda patente es que hay una diferencia notable de posturas entre la Europa oriental y la occidental. Una brecha que es cierto que nunca ha estado cerrada, pero que ahora parece hacerse más grande. Ni siquiera las amenazas de Alemania y Austria, partidarios de  de sancionar a los países del este con un recorte de las subvenciones y los fondos, han servido para que muestren una actitud más colaborativa.

En cualquier caso, tampoco se puede culpar exclusivamente a la Europa del Este de la falta de acuerdo, es lo que cree Michael Leigh de la German Marshall Fund. Sea como sea, existe una falta de acuerdo y un descontento generalizado en la Unión Europea, dos bandos, como en los años del telón de acero y la proyección de una imagen de debilidad o inestabilidad que no favorece a nadie.