Guerra abierta por la sucesión en Arabia Saudí

Tiene todos los ingredientes de una comedia de enredo si no fuera por que se trata de la historia de un país, Arabia Saudí, que es el ‘dueño del petróleo’, del principal aliado Occidental y de los Estados Unidos en el Golfo Pérsico frente a Irán y  porque libra una dura batalla en Yemen .

Es una monarquía absoluta que solo responde ante Alá, que se rige por los preceptos islámicos wahabistas, una doctrina purista suní con un fuerte componente de intolerancia hacia otras religiones y de discriminación a la mujer. Son pródigos en descendientes -hermanos y hermanastros fruto de la poligamia legal-. La ley saudí establece que los herederos al trono son los hermanos y no los hijos. Desde 1932, la familia Al Saúd se reparte el poder, no existe Parlamento ni Constitución, y la riqueza en el país.

Dinero que básicamente viene del petróleo. Cuenta con las segundas mayores reservas de crudo en el mundo -el 16% del total- y empieza a sentir en su interior la crisis provocada por la caída de los precios del barril, según el informe de BP Statistical Review of World Energy.

Los protagonistas

El reySalman bin Abdelaziz Al Saud. Hermano del rey Fahd y Abadlá, heredó el trono en 2015. Séptimo rey de Arabia Saudí. Tiene 33 hermanos, 6 esposas y 13 hijos. Acaba de cumplir 79 años.

El príncipe destronadoMuqrin bin Abdulaziz. 69 años. Astrónomo, poeta y militar, tiene 14 hijos. Ha sido el príncipe heredero durante apenas 4 meses. A finales de mayo fue despojado de su título el 29 de abril y apartado fulminantemente de la carrera por su hermano. Discrepaba con Salman por la invasión de Yemen.

El príncipe heredero: Mohammed bin Nayef. 55 años. Sobrino del rey.  El 29 de abril 2015 fue nombrado heredero por Salman. Es el ministro del Interior. No tiene hijos varones.

El aspirante al trono:  Mohammed bin Salman, 30 años. Hijo del actual rey y su tercera esposa. Ocupa la cartera de Defensa y es la estrella en ascenso en  Arabia Saudí.

La Princesa: Fahda bint Falah bin Sultan. Casada con el actual rey y tía del recién nombrado príncipe heredero. Sobre ella pende la sospecha de ser la mano que mece la cuna para hacer que su hijo ocupe el trono.

La trama saudí

Cuando el rey llegó al poder en enero de 2015 estaba dispuesto a poner punto y final a la tradición entre los saudís y elevar al trono del país a su hijo Mohammed. Maniobras que pasaron primero por la destitución del heredero natural, su hermano, y que en una segunda fase pasará por aupar al poder a su vástago. Aunque para ello hay que salvar otro escollo, eliminar al que ocupa ahora el primer lugar en la línea sucesoria.

Vayamos por partes.

El aspirante, el príncipe Mohammed bin Salman era uno más de la familia real saudí ocupado en actividades financieras hace apenas seis meses. Estaba eclipsado por sus hermanos mayores -de padre- que alcanzaron el éxito por diferentes motivos: uno por ser el primer astronauta árabe, otro como reputado investigador en Georgetown y un tercero como exitoso viceministro del Petróleo.

Pero nadie contaba con la influencia de su madre, Fahda bint Falah bin Sultan, la tercera y más reciente esposa del rey, quien desde mucho antes de su llegada al trono ansiaba con el poder para su hijo. De hecho fue educado como tal. No ha estudiado fuera del reino y ha evitado que su imagen quedara empañada por los excesos, algo habitual en los jóvenes príncipes. Nunca fumó, bebió alcohol o manchó su imagen protagonizando correrías nocturnas.

Tras la llegada al trono del actual monarca, se movieron los hilos para que Mohammed acumulara poder político. El rey lo puso al frente del monopolio estatal del petróleo, la sociedad de inversión pública, la política económica y el Ministerio de Defensa.

Un duro entrenamiento para ser un rey de éxito en el futuro.

Los planes de Mohammed para apuntalarse en el poder

Cuotas de poder desde los que Mohammed prepara su asalto al trono. El aspirante ha liderado la nueva agresiva política de Arabia Saudí en la región, incluyendo la intervención militar en Yemen. Arabia Saudí es el principal ‘enemigo’ de Irán en el mundo árabe y de ahí su política exterior.

La monarquía sostiene financieramente a los gobernantes de Egipto y Jordania. Ayuda a su vecino Bahrein en la revuelta de la mayoría chií, arma a los rebeldes en Siria contra el presidente apoyado por Irán.

Una política que dispara el gasto militar a costa de abaratar el petróleo poniendo al país en una situación de pre crisis de imprevisibles consecuencias.

En clave interna, Mohammed debe de cambiar  los equilibrios de poder para fortalecer su papel en detrimento de su sucesor. Es decir, reforzar al ministerio de Defensa y adelgazar el de Interior. Para ello, Mohammed planea quedarse con el control de la Guardia Nacional, en manos de otro primo.

Una arriesgada conspiración de poder que en, buena medida dependerá de su capacidad como ministro -un fracaso en Yemen sería un contratiempo difícil de superar- y en un segundo lugar, de neutralizar a la gerontocracia saudí, acostumbrada a un status quo en el reparto de poder que está rompiendo el joven príncipe.

De momento cuenta con un aliado externo, Barack Obama dijo de él tras su primer encuentro”creo que tiene una inteligencia superior a su edad”. Pero se enfrenta a un cierto escepticismo entre sus súbditos “se trata de una gran familia que compite por hacerse con el poder y que cuenta con un joven controlando el gobierno que va a crear un montón de problemas”, aseguraba a un periodista del New York Times un hombre de negocios saudí preguntado por la situación de su país.