¡Liberad a Sandra!, la orangutana triste

Se llama Sandra. Y aunque no es humana, tiene sentimientos. Y no es una afirmación gratuita sino una sentencia pionera en el mundo animal. Sandra tiene sentimientos y tiene derechos, como el de la libertad. También lo ha decretado así la Justicia argentina, que es el país donde vive, sola y en una jaula del zoo de Buenos Aires.

Sandra tiene 29 años y no conoce la libertad. Nació en Alemania y hace 21 años fue trasladada a Buenos Aires. Ha conseguido que en diciembre pasado la Justicia le conceda un ‘habeas corpus’, una institución concebida para defender los Derechos Humanos, evitar las detenciones y privaciones de libertad arbitrarias y asegurar en todo momento los derechos básicos de las personas detenidas o presas.

Ahora afronta un juicio para que se la ponga el libertad y que se investigue la posible comisión de actos de crueldad durante su cautiverio, como la venta de una de sus crías con la que convivió durante cinco años. La separación la ha sumido en un estado de profunda tristeza.

Su destino está en manos de una jueza que lleva por nombre Elena Liberatori y ha puesto el punto de mira en todos los animales a los que como a Sandra se les ha privado del derecho a una vida para la que fueron concebidos: vivir en su hábitat natural en libertad.

Si Sandra gana el juicio, será trasladada a una reserva. De momento los expertos reclaman cambios en sus condiciones de vida, como eliminar las estructuras de cemento, introducir troncos, redes, sogas y pequeñas plataformas, así como un árbol simulado y elementos que proporcionen sombra. Así se adaptará paulatinamente a las condiciones de libertad que nunca ha tenido.

La jueza Liberatori deberá tener en cuenta antes de decidir sobre la reubicación: la posibilidad de adaptación de Sandra, su estado de salud y el costo de la mudanza, que rondaría los 150.000 dólares.