PSOE: su futuro no está escrito

 

El PSOE se juega su futuro. Si esto es así siempre que hay elecciones ahora lo es más. ¿Por qué? Por varias razones:

Porque el Partido Socialista se encuentra, aunque algunos insistan en lo contrario, en pleno proceso de transición, y aún tiene que consolidar el liderazgo de Pedro Sánchez. Si es cierto que Sánchez ganó con suficiente mayoría las primarias que le llevaron a la secretaría general, no lo es menos que desde el primer día de su mandato ha contado con duros adversarios a su estrategia política. Entre ellos, el ex presidente Zapatero, en algún momento el propio Felipe González y, sobre todo, la actual presidenta en funciones de la Junta de Andalucía, Susana Díaz.

La crítica interna está instalada en las filas del partido tanto como en los medios de comunicación, donde ya no es tan interna ni tan educada: dirigentes que se ocultan con la seña de identidad de ‘fuentes del PSOE’, cada dos por tres relativizan el poder real del joven líder, y le condicionan su futuro al resultado electoral del próximo día 24 de Mayo.

En segundo lugar, el PSOE se la juega. Porque si bien es cierto que el mapa azul del poder ‘popular’ municipal y autonómico puede cambiar abruptamente de color, tal y como señalan las encuestas, no lo es menos que la irrupción de Podemos y de Ciudadanos puede dar lugar a un efecto multicolor que desdibuje la alternativa ‘roja’ que hasta ahora representaba, prácticamente en exclusiva, el Partido Socialista. O lo que es lo mismo, que los votos desalojen a los alcaldes y presidentes del PP pero que quien los sustituya sea el producto de alianzas entre fuerzas políticas dispares no necesariamente encabezadas por un socialista.

Esto es importante, porque las elecciones autonómicas y municipales además de ser un test al partido del gobierno son también una radiografía de la capacidad que tiene el PSOE para ser la alternativa que pueda competir por con ellos para llegar a La Moncloa.

Si el PSOE no se visibiliza como alternativa, entrará en crisis de liderazgo de nuevo, como en tantas otras ocasiones, debilitando aún más sus opciones electorales de futuro.

Si los resultados son malos, ¿quién estará legitimado para ser la alternativa a Pedro Sánchez? Probablemente nadie tenga la fuerza electoral suficiente para presumir de ser el cambio oportuno. Es lo que le ha pasado a Susana Díaz, flamante ganadora de las elecciones andaluzas, pero sometida al bloqueo institucional de su elección parlamentaria como presidente, lo que le está produciendo un desgaste evidente. Ella, que tanto tiene que pelear su elección será, cuando la consiga, si la consigue, la primera descartada para suceder a Sánchez. Lo mismo puede pasar con otros posibles aspirantes, todos ellos sometidos al duro control electoral del próximo fin de semana.

¿Eso evitaría la crisis en el PSOE? No. Por una sola razón, en el Partido Socialista no se acostumbra a hacer de la necesidad virtud, como proponía el santo, sino leña del árbol caído, como demuestra la historia. Y aunque no haya recambio.

Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, podrían decirle los socialistas a Sánchez.

Si los resultados son buenos, y el PSOE se consolida como primera o segunda fuerza – presidendo nuevos gobiernos autonómicos o recuperando alcaldías emblemáticas – con capacidad y posibilidad de disputar la presidencia del gobierno a Mariano Rajoy, entonces no solo no habrá crisis sino que el llamado voto útil será parte de la estrategia socialista lo que trasladaría la potencial crisis a l partido de la izquierda que le disputa la hegemonía: Podemos.