Libro, ¿en papel o e-book? Y que sea poesía

Si el asesino de El nombre de la Rosa viviera en plena era tecnológica, jamás hubiera podido perpetrar sus crímenes. La lectura de un libro es mucho más que dejarte atrapar por una historia: es un acto sensorial donde además de la vista intervienen otros sentidos. El olfato o el tacto también dejan huellas que se fijan en nuestra memoria a largo plazo.

Es casi una cuestión científica. La memoria a largo plazo se completa, además de con el pensamiento abstracto, con imágenes y con olores. Por eso, cada libro impreso tiene su propia personalidad que también consumimos cuando lo leemos. Algo, que por mucho trabajo de edición que se realice antes de publicar un e-book, no se consigue.

¿A que huele un libro?

¿A que huelen los libros? Básicamente, a una mezcla de la tinta -elemento vegetal- y la celulosa, la materia prima del papel, con la que están hechos. Dos elementos que se oxidan al estar en contacto con el aire. Y fruto de esa mezcla suceden dos fenómenos: el paso del tiempo hace amarillear el papel y termina por dejar un aroma. Aromas que activan la hormona del placer y que nos proporciona un plus de recuerdos que quedan fijados en nuestro inconsciente.

Porque no lo olviden, ante todo, que leer un libro es una actividad que nos provoca placer y no solo al leerlo, sino también al hojearlo y olerlo.Tener un libro en las manos supone un acto físico de poseer, de ser copropietario de un objeto material al que podemos acudir cuantas veces queramos, basta con acercarse a los anaqueles de nuestra librería.

Quizá por ello, y promociones aparte, en el mundo editorial lo que está de moda es la poesía.