Manifestación histórica en Argelia contra el fracking

 

Más de 3.000 argelinos se manifestaron contra la explotación del gas de esquisto, que incluye técnicas de hidrofracturación (“fracking”), en la ciudad de Uargla, en el sur, convocados por partidos de la oposición, según informan hoy los medios.

La manifestación, celebrada delante del ayuntamiento de la ciudad de Uargla, a 750 kilómetros al sur de la capital, fue organizada por partidos políticos miembros de la plataforma opositora Coordinación Nacional para las Libertades y la Transición Democrática (CNLTD) y de la Instancia de Concertación y Seguimiento (ICSO).

 

Sofiane-Djilali, Argelia

Los manifestantes enarbolaron varias pancartas con mensajes críticos con el Gobierno con frases como “Resistimos, resistimos, rechazando el gas de esquisto” o “FLN y RND han vendido nuestro país”, en alusión a dos partidos pro-gubernamentales.

Argelia

 

“El pueblo de Ain Saleh nos ha dado lecciones y enviado mensajes de resistencia y de intransigencia, pero este poder no sabe leer los mensajes”, declaró el secretario general del partido Agrupación por la Cultura y la Democracia (RCD), Mohcin Belabas.

Por su parte, el dirigente del partido Yil Yedid, (Nueva Piel), Sofian Yilali, afirmó que “el poder debe satisfacer lo que pide el pueblo”.

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Los manifestantes pidieron “el cese inmediato del proyecto” sobre este tipo de energía no convencional, al que consideran perjudicial “por sus riesgos importantes para el medio ambiente y la salud humana”.

Desde finales de diciembre pasado, los habitantes de la región meridional argelina de Tamanraset, así como de la localidad de Ain Saleh, protestan contra la explotación del gas de esquisto en esta localidad, situada a 1.260 kilómetros al sur de la capital, ya que consideran que su método de extracción supone una amenaza medioambiental.

En diciembre, al menos 40 policías resultaron heridos de gravedad durante los enfrentamientos que estallaron tras una manifestación en la ciudad meridional de Ain Saleh contra el proyecto.

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El pasado 21 de enero, el primer ministro argelino, Abdelmalek Selal, negó que hubieran comenzado los trabajos para extraer este gas, pero insistió en que “los planes para hacerlo siguen en pie”.

Argelia ocupa la cuarta posición a escala internacional en términos de reservas recuperables de gas de esquisto, después de Estados Unidos, China y Argentina.

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Una representante de las familia se dirige a la concentración

Manifestaciones en el sur de Argelia en febrero

El pasado mes de febrero también hubo manifestaciones de protesta en Argel y en las localidades afectadas. 

La periodista argelina Ghania Mouffok*, informa que tras la brutal intervención de los días 28 y 29 de febrero de la gendarmería y de las compañías nacionales de seguridad que según los manifestantes causó 45 heridos, tres de ellos graves, hablamos con Hacina Zegzeg, una de las voces poderosas de la protesta contra la fracturación hidráulica en In Salah, sobre un movimiento espectacular e inédito de resistencia popular que desde hace 60 días movilizó, hasta ahora, a cientos de hombres y mujeres sin una sombra de violencia.

Dura represión en Argelia

«Ahora la calma y la cohesión han vuelto. Los manifestantes han comprendido que la violencia no sirve para nada. Subrayo la cohesión porque la homogeneidad en este movimiento es vital. Los manifestantes más jóvenes se sienten frustrados y están muy enfadados porque nuestra demanda de moratoria no ha recibido respuesta», explica Hacina Zegzeg, una mujer madura que se describe como una «militante contra el gas de esquisto, casada desde hace 30 años con un hombre de In Salah, a la espera de los resultados de su trabajo en los acontecimientos», que se ha convertido en una de las voces poderosas de la protesta en In Salah. Una ciudad donde las mujeres participan activamente en todas las movilizaciones, omnipresentes, explica Hacina, «porque en el sur las mujeres son las guardianas del agua, son ellas quienes se ocupan de los jardines, los hombres son responsables de las palmeras». Y es el futuro de esa agua preciosa de la que depende el destino de los oasis el que ha sacado a la calle a la ciudad de In Salah, en los confines del desierto a 1.200 km de Argel, la tierra elegida por Sonatrach para experimentar los primeros pozos de fracturación hidráulica en la cuenca del Ahnit.

Una moratoria de la prospección y la producción de energía por fracturación hidráulica y el cese de las perforaciones en curso son las dos principales reivindicaciones de este movimiento que desde el 1 de enero de 2014, fecha de sus primeras manifestaciones, suscita la admiración y el respeto del resto del país que desde hace más de 60 días sigue el desarrollo de la protesta, a través de una comunicación por las redes sociales perfectamente organizada y eficaz, con imágenes y vídeos y provoca la inquietud de un régimen al que por primera vez en su existencia se le impone un debate público sobre las opciones políticas y estratégicas en materia de explotación de los recursos naturales. Y por añadidura por un movimiento popular. Al día siguiente de la primera intervención dura, desproporcionada y feroz de la gendarmería y de las fuerzas antidisturbios que causó «45 heridos de los que tres fueron evacuados a Adrar» a 342 km de In Salah, poco dotada de infraestructuras sanitarias en los casos graves, Hacina Zegzeg en la web Sun et Power dedicada a este movimiento, Somod, interpelaba a los manifestantes tentados por la violencia: «Todos sabéis quién soy (…) Hoy es hoy. Mañana volveremos al pacifismo, que es nuestra marca y caracteriza nuestra propuesta. No somos títeres manipulados. Somos dueños de nuestro destino. Olvidémonos de los gendarmes que nos insultaron, no les respondamos, es lo que esperan».

Y en efecto es esta no violencia la que hace la fuerza y la singularidad de ese movimiento de resistencia popular que se manifiesta e interpela desde hace más de dos meses sin que haya habido que lamentar un solo escaparate roto, una hazaña que permitiría, inventando nuevas formas de organización, creer que los disturbios al estilo argelino no son una fatalidad: «No inventamos nada, es nuestra forma de vivir, somos pacíficos y no creemos en la violencia. Entre nosotros los hombres no pegan a sus mujeres y la mujeres no pegan a sus hijos».

Esa no violencia cambió en la protesta cuando «Los gendarmes no nos dejaron hablar con los representantes de Halliburton, los servicios de seguridad comenzaron a insultar a las personas presentes diciéndoles: “Marchaos a Malí, vosotros no sois argelinos”», explica pudorosa Hacina. En In Salah la mayoría de los argelinos son negros. Fueron las expresiones racistas y humillantes de un policía dirigidas a convertir al propio Buda en fuego furioso las que hicieron salir a los jóvenes manifestantes de su pacifismo legendario. Ellos querían entregar un documento a la empresa estadounidense. Algunas piedra bastaron para convertir In Salah en zona de guerra: «(…) los aviones militares trajeron los refuerzos esperados desde hacía dos o tres días (…) Esos refuerzos rápidamente tomaron posiciones en los puntos neurálgicos de In Salah y aparecieron los primeros disturbios, escribió Houria Alioua, la corresponsal de El Watanen Ouargla, y donde el primer enfrentamiento con las fuerzas antidisturbios suscitó mucha amargura y un reguero de movilización», como si el régimen, emboscado, solo esperase la ocasión de desplegar sus habilidades en la gestión antidemocrática de las masas.

Total y Halliburton en primera línea en Argelia

«En In Salah solo Halliburton se ocupa de la fracturación aunque fueron las francesas Total y Schlumberger las que consiguieron el contrato de explotación», cree Hacina.

En su web la empresa Total confirmó esta información antes de que la desmintieran el Gobierno argelino y la propia empresa. Es difícil conseguir información precisa ya que las declaraciones y los desmentidos se suceden en este sector tan opaco como un banco suizo. Y es precisamente esa falta de transparencia la que está en el origen de la movilización de In Salah. Todo comenzó, recuerda Hacina Zegzeg, «cuando el ministro Yousfi vino a finales de diciembre a inaugurar el primer pozo. Vino y se fue. Y trajo con él a toda una tribu de funcionarios y periodistas a los que no llevaron a la ciudad porque querían demostrar a la delegación que la zona de perforación estaba deshabitada -el lugar está a 28 km de la ciudad-, además se comprobó un enorme despliegue de seguridad inhabitual. Nos preguntábamos qué pasaba. Y en los informativos de la tarde vimos las imágenes de la inauguración. Fue en ese momento cuando nuestros universitarios dieron la voz de alarma».

Esos universitarios de la región, «formados en Argel o en el extranjero», son la punta de lanza en la difusión de la información «gracias a las asociaciones de barrio, hay que decir que existen en todos los barrios, donde nos podemos reunir para escuchar a nuestros ingenieros. Allí nació la idea de una petición, todos los barrios la firmaron. Nosotros fuimos de puerta en puerta durante dos días y dos noches, del 27 al 29 de diciembre, con más de cien estudiantes para informar a la población. El 30 elegimos la plaza frente a la daïra ( unidad administrativa territorial que agrupa a los ayuntamientos) y con los proyectores continuamos informando. Casi toda la ciudad estuvo presente y es ahí cuando decidimos la primera manifestación del 1 de enero de 2015». Esa manifestación, que reunió a cientos de mujeres, hombres y niños, inauguró dos meses del largo camino contra la fracturación hidráulica: «Lo que más ha afectado a la población, señala Hacina Zegzeg, es la traición del Gobierno y lo que más nos temíamos, la contaminación de la capa freática». Un parado nos dijo: «El Estado cometió un error, nos ha enviado otra vez a la escuela». No se trata solo de ignorar la geografía y la historia. Ese desprecio vuelve contra él porque pensaba poder actuar en el desierto como sobre una tierra de nadie, a la manera de las expediciones coloniales que se apropiaban de los territorios declarados «sin habitantes». Así lo que explican los expertos de Sonatrach cuando les preguntamos: « ¿Por qué Francia prohíbe la fracturación hidráulica en su país?», ellos responden: «No es lo mismo, en Francia el gas de esquisto se encuentra en zonas habitadas».

Argelia pone sus oasis en peligro

Las personas del sur han venido a recordar que el desierto también está habitado. Habitado por una nueva generación de actores políticos, jóvenes de su época tan bien informados y escolarizados como los del norte, entre internet y Al-Yazira, herederos además de aquellos que inventaron un lugar único en el mundo, como afirman los geógrafos: el oasis. Tierra habitada, tierra amenazada. Son los oasis los que han sido elegidos por el Gobierno argelino. Sonatrach, la compañía nacional nacida en 1963 procedente de las nacionalizaciones, y las multinacionales asociadas como Total, que ya está en marcha en el incomparable oasis rojo de Timimoun. Shlumberger, Halliburton que se instaló en Argelia a la sombra de la guerra civil por la gracia de ese a quien toda Argelia califica de traidor y está perseguido por la justicia italiana, Chakib Khelil.

Para Hacina, así como para amplios sectores de la opinión pública argelina, no hay ninguna duda de que las autoridades argelinas actúan bajo la presión de los lobbies petroleros, «con el fin de respetar los contratos firmados con las multinacionales extranjeras y para satisfacer las principales exigencias de estas, Sonatrach decidió operar el fracking apoyada por un refuerzo de seguridad extraordinario, la empresa Halliburton encargada de las hidrofracturaciones asesinas. «Ni los riesgos comprobados de daños a la población desde el punto de vista sanitario ni las consecuencias medioambientales nefastas y desgraciadamente definitivas sobre el agua y el medio ambiente (…) harán retroceder a Sonatrach», escribe el colectivo antigás de esquisto de In Salah.

Ante tales desafíos, la caída del precio del petróleo, contratos de compromiso de Argelia, rentas y beneficios, dependencia total del país de sus rentas petroleras, la cuestión en la actualidad es saber hasta dónde llegarán las autoridades civiles, policiales y militares argelinas para imponer su hoja de ruta. La intervención brutal y desproporcionada, la utilización de gas lacrimógeno y balas de goma en In Salah por las fuerzas de la gendarmería y de la sureté parecen una advertencia: «Podemos volvernos malos». «Su maldad no nos da miedo, responde Hacina desde In Salah como colofón de nuestra entrevista en chat, somos pacíficos pero resueltos. Seguiremos informando. Ahora estamos trabajando para agrupar a los expertos en torno al informe del profesor Mebtoul, designado por el Gobierno argelino para responder a nuestra demanda de moratoria, hemos pedido al Gobierno que lo haga público».

*Ghania Mouffok es una periodista argelina independiente desde 1984, vive en Argel. Ha publicado los libros Etre journaliste en Algérie, 1988-1995 (Broché 1996) y Algérie: Une saison en enfer (Broché 2003).