La quita, la única solución posible para Grecia… y la UE

“Grecia no va a poder pagar nunca la deuda contraída con los países de la UE tras el rescate, como tampoco España, Irlanda o Portugal” tampoco podrán hacer frente a la devolución del dinero percibido para evitar el desplome de su sistema económico, sentencia el economista Alejandro Inurrieta, miembro de la Fundación Alternativas.

Una realidad que los socios de la UE han de asumir, como antes otros países asumieron que su situación de quiebra marcaba un antes y un después… para ellos y para sus acreedores. La palabra quita ni es maldita ni está adornada por atributos demoníacos; es una práctica común en economía: la macro y la micro, la del día a día y la de las grandes empresas y países.

La quita se basa en el propio sentido común: ¿Qué es mejor , cobrar el 100% de un imposible o concentrarse en el 40% y que se pague a plazos perdonando el resto? Las leyes del mercado lo tienen claro, las incertidumbres nunca son buenas y resulta mucho más rentable centrarse en lo posible.

En el caso griego, según todos los analistas, la quita consiste en hacer ‘desaparecer’ –de nuevo- alguna de las deudas contraídas y establecer mecanismos para poder recuperar parte del dinero. Y para ello, hay que reorganizar los cimientos casa y acompasar la producción del país –los ingresos- a los gastos –incluida la deuda- para que el edificio sea sólido.

Eso significa, en primer lugar que alguien debe de asumir las pérdidas, los más de 240 mil millones de euros en préstamos a Grecia y esa parte le toca a la propia UE. A diferencia de la primera crisis griega, “las decisiones adoptadas por el BCE de comprar deuda soberana de los países miembros alivia la situación”, ya que actúan a modo de “cortafuegos para evitar el efecto contagio”.

Ahora parece un muro infranqueable, pero la quita será historia cuando se recuperen los ritmos de producción. Y si no, quién se acuerda de la quiebra en Alemania en la segunda década de los cincuenta, o de la de Francia o Estados Unidos a principios del siglo pasado.

El asunto de las quiebras de los estados no resulta traumático si no afecta al sector privado. Es decir, si el dinero prestado procede de las arcas públicas. En opinión de la economista Reinhart, la historia muestra que “los distintos países fueron sacando la deuda de sus libros, no fue simultáneo pero todos fueron borrándola”.

Consecuencias para los acreedores de una quita

“Organizada, la quita, con realismo y a largo plazo, no representa un problema serio para la UE”, es cuestión de ir descontando los números rojos de manera paulatina, y “salvo colpaso de los sistemas financieros mundiales” no habría que temer por la estabilidad de los países como España o Alemania que han contribuido al fondo que se utilizó para el rescate.

“Si los ritmos de crecimiento en la economía de estos países se mantiene estable, la asunción de esa deuda como un impagable, no debería de afectarles” subraya Unerrieta. Del mismo modo, que si no se asfixia a la economía griega con los pagos de su deuda, el país volverá al ritmos de crecimiento que les permitirá pagar las cantidades que razonablemente queden consignadas en la quita.

Pero eso es otra historia, y que tiene más que ver con el funcionamiento del capitalismo especulativo, la crisis del petróleo o el nuevo orden económico internacional que se dibuja en el horizonte.

Otras quitas históricas

Aparentemente, y en estricta ortodoxia económica, no cobrar lo prestado se debería traducir en problemas para la economía del que presta, ya se supone un desajuste de sus balances, pero nuevamente la historia demuestra que estas caídas tienen un efecto rebote casi de manera inmediata…

Corría la década de los 70, el mundo se tambaleaba por la imparable subida de los precios del petróleo y esa abundancia de petrodólares se tradujo en la búsqueda de mercados donde invertir el dinero.

Latinoamérica fue el destino, fundamentalmente México y Brasil. En apenas cinco años multiplicaron su deuda por cinco. Una loca carrera que asfixio por completo las arcas de estos dos países. México y Brasil se declararon en suspensión de pagos. Se organizó la quita y al año siguiente las bolsas de ambos países se revalorizaron más de un 200%.

Algo parecido ocurrió en Rusia en 1998. Recibían continuos préstamos para hacer cuadrar sus presupuestos. Nadie pensaba que el gigante iba a caer y que en caso de impago las instituciones internacionales se harían cargo de la deuda. Ahora bien, un buen día el Kremling dijo que no iba a pagar y el FMI miró para otro lado. De nuevo hubo que acudir a la quita.

Al año siguiente, con la quita ya realizada, el mercado de valores fue testigo de una subida del 197%.
Aunque no todos los países son iguales ni gozan del mismo trato. En Argentina el famoso corralito y suspensión de pagos de 2001 sumió al país en una crisis que todavía colea. El default fue solucionado con una quita, la bolsa y la macroeconomía comenzó a dar muestras de recuperación y crecimiento, pero el argentino de a pie aún sigue buscando por dónde vino el tren que lo atropelló

Un antes y un después de la quita para la economía griega

El caso griego se asemeja más al argentino que a los anteriores.“Grecia no volverá a ser la misma, la primera crisis supuso el desamentelamiento de su aparato productivo quedando relegado a un país de servicios”. Su PIB se soporta fundamentalmente con el turismo, y debe de encontrar sus propias fórmulas como país para salir adelante.  Ha de recomponer su infraestructura, y “pasarán décadas hasta que ello ocurra”.

A su favor, que goza del paragüas de pertenecer a un club, la UE, que le ofrece protección pero también que le imponé políticas. Y en ese caso, la opción es clara: o Grecia asume ese marco de imposición -se aprieta el corsé- o se marcha de la UE. Una alternativa que ha día de hoy no contempla ningún partido político en este país. “Syriza no ha planteado nunca salir de la UE, ni siquiera del Euro, lo único que ha dicho es que hay que renegociar la deuda”.

Por que en caso contrario, una Grecia en solitario significaría que el país y su economía sería pasto de los fondos buitres, lo que a la postre significaría que el destino de los griegos, su bienestar, su día a día, estaría en manos de los propietarios de estos fondos.

Pero ese es un escenario, la salida de Grecia de la UE, que salvo los apocalípticos, nadie contempla. “Forma parte más de un discurso político para enviar un mensaje a los electores griegos que una amenaza real”.

El concepto de quita es algo que se practica a diario. O si no qué es lo que ha pedido el gobierno de Rajoy a la banca para evitar el cierre de las autopistas privadas -con una deuda que superior a 5.000 millones de euros. Una quita 50%, el a 30 años de la otra mitad a cambio de unos bonos del Tesoro con una rentabilidad del 1%.

Parafraseando a Lula da Silva, el histórico presidente de Brasil, el único problema de quien gane las elecciones en Grecia es: “Si no pago, no puedo gobernar; me mandan hacer lo que más les interesa a los que debo”. Y teniendo en cuenta que los acreedores se rigen por “el más vale pájaro en mano…” Solo hay un camino, negociar una quita para que el problema pase a la Historia.