Sálvame, víctima de doble moral e hipócrita persecución

 

 

No hace falta ver Sálvame cada día las cuatro horas que dura el programa para poder defenderlo. Ni siquiera te tiene que gustar. Es irrelevante lo que sucede en él y mucho más en los términos a los que se refiere el informe de la CNMC, que manifiesta  consideraciones morales que afectarían a los menores ya que el programa se emite en horario de protección infantil. Pero no hace Sálvame, el programa en cuestión, daño alguno ni a una mosca. Es imposible.

Sálvame es un espacio original, intransitable para el foráneo al mundo en el que viven los personajes que lo hacen cada día. En el programa se habla de los asuntos domésticos de un conjunto de sujetos que viven su propia realidad, la que tiene que ver con sus relaciones de pareja, su actividad social o cualquier cosa que sea de interés para indagar en su comportamiento habitual y traslucir una opinión sobre él.

Es posible que en verdad, Sálvame sea un programa de ficción porque nada de lo que sucede en él tiene mucho que ver con la tragedia en la que nos han metido los profesionales de la política que nos gobiernan y sus antecesores. Cada día desgranan asuntos que están impresos en un calendario paralelo, ajeno a nuestro devenir. Nada de lo que pasa en él puede ser susceptible de interpretación para nuestro quehacer individual o colectivo. Lo que pasa ahí tiene que ver con lo que ahí pasa, en una relación circular entre personajes e invitados que se desenvuelven con una inusitada complicidad. Unas veces los invitados son los interrogados y otras ellos mismos protagonizan los debates. Ese es el mundo de Sálvame y en él se desenvuelven como les viene en gana.

Cada día a esa misma hora que se emite Sálvame, las otras cadenas nos ofrecen culebrones o programas de realidad informativa que son los que dañan objetivamente nuestra sensibilidad, la de los niños por supuesto, y la de los adultos. Nos relatan, por ejemplo, las andanzas de los corruptos, entran en detalle sobre sus gastos y conspiraciones, vemos la puerta de la cárcel o de la Audiencia Nacional como lugares de peregrinación.  Y todo ello comentado con una dosis de superficialidad inconmovible, así que al presentar con horripilante ligereza lo que en realidad es, lo banalizan restando la lección moral que los investigadores de la CNMC le exigen a Telecinco.

 

La doble moral con respecto a Sálvame

 

La diferencia estriba en que el hambre infantil, los desahucios, la pobreza extrema o los daños por la falta de recursos para la Dependencia presentados sin una  reflexión crítica que no sea la de un comentario accidental hecho por los tertulianos, si que puede ser un daño para cualquier espectador infantil que entrevé que la realidad es esa, que así es y que no hay reproche ni lección posible porque los protagonistas de ese gran daño, que son tangibles, van por la calle, y son reales, administran los asuntos que competen a nuestras vidas.

A diferencia de Sálvame, donde los personajes y sus invitados viven en el mundo fantástico de Amador Mohedano o de Raquel Bollo y sus comunes asuntos de infidelidad o amor, en el archipiélago donde habitan todos los que componen la ‘familia’ de Jorge Javier Vázquez, un refugio de abstracción para muchas víctimas de este mundo de porquería, los personajes del otro programa intervienen en nuestras vidas, son víctimas de las administraciones o los responsables de ellas, pasan hambre y penalidades de verdad, de esas que nos pueden afectar a los demás en cualquier momento, de esas que hacen que los papás de los niños se descompongan ante la tele, tiemblen por su propio futuro y generen una angustia brutal en sus hijos, en horario de máxima protección.

¿Hay que prohibirlo y poner dibujos animados? Desde luego SinChan no sería la solución frente a Sálvame. No. Desde luego que no. La verdad es la que es, la fantasía también, y no son opuestas, nos lo han enseñado Sálvame y ese programa de apariencia veraz que hay en La Sexta. No hay que prohibir nada, ni Sálvame, un programa de estrellas y mitos o juguetes rotos, ni un programa que ha convertido en tele realidad los desagradables hechos de la agenda político social de cada día, banalizándolos desvalorizando su verdadera dimensión real.

Cuidado con la hipocresía y la doble moral, que son malas consejeras a largo plazo, aunque posean el embrujo de cautivar a corto plazo. Si hay que proteger a la infancia, tiene el gobierno tareas de mayor importancia antes que esta estúpida agresión a nuestras libertades.