Pedro Sánchez candidato a las primarias, a pesar de Díaz

 

 

Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, se enfrenta a los viejos fantasmas de su partido. Estos ya no son personas, sino actitudes. Se repite la historia una y otra vez. El debate en las filas socialistas es sobre las parcelas de poder. Después de haber aupado a la máxima responsabilidad del socialismo español al dirigente madrileño, los mismos que hicieron posible su victoria se lanzan de nuevo a las intrigas, tan propias de un partido incapaz de salir de los viejos métodos y las formas de hacer política que tantas veces y en tantos territorios les han conducido al desastre.

El protagonismo no está en las propuestas políticas destinadas a recuperar la confianza de los electores, sino en las reuniones, las comidas y las cenas. Al presidente Calvo Sotelo le preguntaron después del Golpe del 23-F si se sentía presionado por el ‘ruido de sables’ y contestó hierático: ‘me preocupa más el ruido de tenedores’. Los tenedores fueron el arma mortífera que liquidó a la UCD, y las cenas y comidas en los restaurantes cercanos al Congreso ahondaron la división interna del PSOE en los años noventa, abocando al partido de Felipe González al desastre en el que sucumbió tras las generales del 96, cuando ya sin el viejo líder, la inestabilidad interna estaba condicionada por las cenas, comidas, reuniones o charlas de café entre los protagonistas que encontraron en esa forma de hacer política un medio en el que desarrollarse vitalmente, pero de espaldas a los ciudadanos.

 

Susana Díaz se enfrenta en la sombra a Pedro Sánchez porque no le da protagonismo

 

Ahora, Susana Díaz filtra a los medios ‘amigos’ su periplo particular de reuniones con dirigentes territoriales y los adversarios de antes, presuntos colaboradores de hoy. Lanza críticas a través de terceros, los tristemente famosos ‘compañeros fuentes’ habituales en las filas socialistas, sobre la gestión de Sánchez y sus intenciones como candidatable en las primarias a la presidencia del Gobierno.

Ella no contaba con el afianzamiento del joven madrileño y se resiente de su protagonismo mediático y de su audacia en propuestas como la de la reforma constitucional. Le hubiera gustado más que le rindiera pleitesía y construyera su discurso sobre los éxitos de su gestión en Andalucía. Una quimera. Pedro Sánchez no quiere ni oír hablar de un partido que supura corrupción en los juzgados de Sevilla. No debe querer Sánchez que le pase como a Rajoy con Fabra o Matas, puestos por el presidente como modelo cuando eran nidos de corrupción política.

Sánchez se reafirma, al menos en eso insiste, en su preocupación por dar respuestas a los ciudadanos ignorando los movimientos telúricos del PSOE, mientras sus compañeros de viaje se dedican al viejo oficio vertebral: la intriga palaciega. No deben ser conscientes de que así no debilitan sus aspiraciones sino que incrementan las de Podemos. Y en adelante, las de Ciudadanos.