Inmigrantes ahogados, el trágico recuento de 2014

¿Por qué crece la cifra de refugiados e inmigrantes? Las primaveras árabes han supuesto la caída de los sátrapas que gobernaban sus países con férreas dictaduras que no permitían ni el desarrollo económico ni la libertad de las personas. Una vez arrojados del poder, la inestabilidad política provocada por los vacíos de poder, los conflictos tribales, la mano occidental que defiende sus intereses y la brutal imposición del sectarismo religioso, muchos habitantes de esos países que soñaban con la caída de los regímenes para poder salir adelante se han visto abocados a huir, a instalarse en campos de refugiados en los que la escasez, el hambre, la enfermedad y el abandono protagonizan cada uno de sus días. Otros, por el contrario, han decidido arriesgarse.

 

 

200.000 Inmigrantes, casi cuatro veces más que en 2013

 

Más de doscientas mil personas han querido hacer realidad su sueño de libertad y de prosperidad arrojándose al mar para intentar llegar a las costas occidentales del progreso y el bienestar. Más de tres mil cuatrocientos han perecido en el intento, ahogados a pocos metros, en muchos casos, de las costas con las que soñaban. Son los inmigrantes del siglo XXI que han visto como el Mediterráneo se ha convertido en un infierno de agua.

Son refugiados, pero no se les reconoce, así que son los inmigrantes. Difieren en muy poco de aquellos que cruzan el continente africano para llegar al Gurugú y desde allí arrojarse no al mar, sino a la valla de Melilla llena de púas y concertinas, escalarla y saltar al nuevo mundo. Pero unos y otros, una y otra vez, pierden la oportunidad en dramáticos fracasos. Los más afortunados sobreviven, a pesar del sufrimiento, con los manos desgarradas o medio ahogados.

El Mediterráneo, un mar clásico asociado al comercio y el progreso en todas sus regiones hoy es el muro del siglo XXI. En sus aguas yacen los cuerpos de familias, hombres, mujeres y niños que no han logrado su propósito. Mediterráneo es también la playa de Ceuta, donde la Guardia Civil disparaba a hombres exhaustos que buscaban la orilla solamente para sobrevivir en un intento desesperado por cumplir el viejo sueño sueño de la humanidad: avanzar, prosperar, vivir. A nado, en f¡grandes barcazas o en pateras, usando embarcaciones de juguete hinchables. Como sea.

 

La valla de Melilla, otro obstáculo para los inmigrantes

 

Volver la vista sobre 2014 no permite cerrar las estadísticas de los inmigrantes, frías e inexactas – muchos inmigrantes desaparecidos no son contados – pues cada día se producen nuevos intentos de arribar en Europa a través del mar. Del mismo modo que cada día un grupo atrevido de hombres y mujeres sin miedo se arroja sobre la valla de la vergüenza para someterse al dolor de la sangre que derraman en su escalada y recibir los golpes de los que la protegen a uno y otro lado de las fronteras marroquí y española.

Este año también pudimos ver con espanto a los que encaramados en lo alto de la valla esperaban agotados un milagro que les permitiera caer del lado correcto mientras otros hombres, la misma especie, los mismos géneros, jugaban al golf en un campo financiado con presupuesto comunitario, ajenos a lo que sucedía apenas a unos metros. las dos caras de la moneda. Los dos rostros de la tragedia: el de los que ignoran el padecimiento ajeno y disfrutan de su día a día de opulencia y los que asisten a su propia desgracia sin apenas esperanza de conseguir su oportunidad.

Los inmigrantes que, contados por miles, yacen en las aguas del mediterráneo, huyendo de la guerra, la persecución, el hambre, la tiranía y la desesperanza. Los inmigrantes.